El vacío tiene su encanto

 

Coreografía para la tierra.
Moverse dentro y fuera del paisaje, habitar la materia.
Traer el misterio a la imagen.
Tocar con piel de roca, rosa, corteza.
Entrar y salir de sus brazos.

 

 

Una investigación sensible sobre la relación entre cuerpo, paisaje y materia. Mis piezas proponen una coreografía para la tierra: un desplazamiento continuo entre el adentro y el afuera del territorio, donde el cuerpo se deja afectar por las texturas, los ritmos y las fuerzas del entorno.

A través de fotografías y performance, estas piezas abordan el nacimiento, la transformación y la muerte como estados permeables. El cuerpo se funde con la roca, la corteza, la flor; toca y es tocado, entra y sale de los brazos del paisaje. En este tránsito, el vacío aparece no como ausencia, sino como potencia: un espacio de pasaje donde la vida se reconfigura y renace en otras materialidades, vegetales o minerales.

 

COREOGRAFÍAS PARA LA TIERRA

10 fotografías de 20×20 cm + Autorretrato fotográfico. 75×60 cm

 

ERA LA MAÑANA

3 fotografías de 45×60 cm

 

A VECES ME VOY VACIANDO

Performance duracional (120 minutos)

A veces me voy vaciando es una performance duracional que investiga la relación entre cuerpo y territorio a través de acciones de construcción, desgaste y transformación de una montaña de tierra dentro del espacio expositivo. La obra propone un proceso sostenido en el tiempo, en el que el cuerpo interactúa con la materia mediante gestos de habitabilidad, trazo y modulación, activando la tierra como un campo de resonancia y escucha.

El concepto de vaciamiento opera como una estrategia de transformación y reconfiguración: erosionar, aplanar y abrir espacio para nuevas formas de aparición. En este sentido, el trabajo con la tierra se plantea como una práctica artística y política que pone en relación tiempo, cuerpo y materialidad. En un contexto de urgencia planetaria, la performance invita a reflexionar sobre otros modos de habitar el presente, para repensar nuestra relación con el territorio, sin renunciar a la posibilidad de imaginar y construir futuros diversos.

 

El verde oscuro de las paredes traga la luz y evoca húmedad. En esa atmósfera silenciosa, que se retrae, las obras de Roma Vaquero Díaz y Alina Cantón se miran y esperan.

Roma trae consigo las huellas de su tránsito: fotografías y registros de acciones en las que su cuerpo fue medio para entablar una conversación con el entorno. En sus obras, la acción no es sólo movimiento sino una voluntad de enterrarse en el paisaje hasta confundirse con su ritmo. Son fragmentos de un devenir que no se clausura, donde la artista y el entorno se contaminan mutuamente con ganas de ser una misma cosa.

Alina modela objetos en los que puede descansar la imaginación. Urnas que no guardan restos sino posibilidades. Sus cerámicas, bañadas en leche, conservan la tibieza del tacto: allí donde el dedo presionó, donde la palma se apoyó y apareció el cariño por un instante, antes de volverse materia fija. Son simpáticas y vitales, especies de criaturas que, si se llenan, puede que despierten o se deshagan en su propio vacío en un acto mágico.

El vacío tiene su encanto. Quizás porque en él todo es incierto, o porque en él todo es posible. Como el gesto de colocarse un caracol en la cara, pequeño acto de comunión fantástica en el que mejilla y oído se acoplan a un esqueleto que susurra historias de mar con silencio. Ese gesto devela curiosidad y fascinación por la nada. Las obras de Roma y Alina parecen moverse en ese estado intermedio del mundo: entre lo que no es y lo que podría ser. El miedo a dejar de estar y la excitación por la transformación.

En ese baile entre el nacimiento y la desaparición, ocurre una ontología del tránsito. Las obras no buscan establecer una forma, sino dar cuenta de una condición móvil e indeterminada. No pretenden representar el mundo, sino participar de su flujo. Cuentan de lo que se transforma sin pedir permiso ni planificación alguna. Hablan de lo inestable.

Texto Curatorial de Daniela Arroyo

 

LUGAR Y AÑO

Galería Tiempo, Central AFFAIR. Ciudad Autónoma de Buenos Aires. 19 de noviembre 2025 al 12 de febrero 2026